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Roberto Escobar Gaviria me recibió en su casa y esto pasó

Actualizado: 13 may


Me senté en la sala del hermano mayor y parcero de “negocios” de Pablo Escobar para tener una conversación exclusiva y privada con él.


Como periodista, fue duro no poder grabar ni audio ni video de nuestra entrevista, pero debía respetar la decisión y pedido de la familia Escobar. Un encuentro de este tipo, tan personal, tiene sus condiciones, por supuesto.


Él, más conocido por las series como peluche, realmente se apoda “Osito”, y hasta eso le duele. De hecho, esa es solo una de las tantas historias que “desmintió” de las producciones que han retratado esta historia. “Bombas, asesinatos y atentados que eran orquestrados por la policía, lo culpaban a Escobar para dañar su imagen, que el pueblo le agarre odio y así lo puedan atrapar más fácil con alguna denuncia ciudadana, pero eso no lo cuentan”, dice él.


Era evidente su descontento e incomodidad.


“¿Sabes de qué murió Popeye?”, me pregunta él, yo respondo con lo que sé. “Mentira, eso es otra mentira contada. Popeye murió de sida porque tenía un mozo dentro de la cárcel llamado Gavirita que tenía sida. Ese amante estaba en prisión por violar y matar niños”, revela Escobar. Quedé en silencio. Por lo que acaba de contar, pero más por percibir la naturalidad que estos personajes cuentan historias de este tipo que son parte de su vida “normal”, aunque asustan a cualquier persona con algún grado de humanidad sin distorsionar.


Así nos fue relatando algunas crónicas de su vida que se mostraban incompatibles con la versión oficial. Desde el crimen de su famoso caballo hasta el origen de la coca en territorio colombiano. Él, con sus evidencias nadando contra la historia que ya está contada. De cierta forma, tratando de limpiar el nombre de la Familia Escobar, y en especial, de su querido hermano. Persona que ha dedicado el resto de su vida en defender lo poco que queda. “Si Pablo hubiera nacido antes, seguramente le hubieran echado la culpa de las guerras mundiales también”, afirma. El mártir.


En casos trascendentales como este, siempre hay diversas versiones, pero no tantas como el número de víctimas que dejan estos relatos. Aún con el intento de jugar como ping pong con la culpabilidad de estos graves crímenes, su historia ya está escrita y, ante eso, nadie puede luchar.


Testimonios, entrevistas, prensa y evidencias en documentos oficiales. Esa es la base de las grandes producciones como la de Netflix y Caracol. Pero Roberto nos dice que pretende realizar una producción donde cuente “la verdadera versión” de los hechos, sin que nadie meta las manos, o más bien, no lo contradiga ni cuestione. Ahora, me pregunto de dónde vendrá la financiación de esa futura producción.


Después de la cartabomba que le enviaron cuando estaba en la cárcel y que lo obligó a pasar diversos tratamientos médicos para recuperar parcialmente su visión, yo fui unos de los primeros que él pudo ver después de su cuarta cirugía. El último que verá sea, tal vez, la única historia que Roberto Escobar aún pueda dirigir.

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